CON MAL PIE

maletaNo parece que el año nuevo haya entrado con buen pie, precisamente. Y no será porque las distintas televisiones, cada cual más hortera y previsible, no nos desearan un 2017 esplendoroso, con sus fiestas impostadas, sus trajes imposibles, sus pajaritas de colores y sus triunfitos de toda clase y condición soltándonos sus comerciales melodías en play back (la música, en televisión, es desde hace tiempo una batalla perdida), lo que se dice una nochevieja… vieja. Casi sin tiempo de digerir las uvas y todo lo que le antecedió, la realidad en forma de tragedias varias eclipsó el brillo efímero de las lentejuelas.

El primer periódico del año, el del dí­a 2, daba miedo abrirlo. En primera plana, la noticia de la matanza de Estambul, donde perdieron la vida en una discoteca de moda 39 personas, y otras varias decenas fueron heridas por un terrorista yihadista al que la policí­a busca por medio mundo. En la misma portada, más arriba, se daba cuenta de las dos primeras víctimas de la violencia machista, cuando no habí­an transcurrido ni las primeras 24 horas del año. En páginas interiores, un pequeño apunte informaba de la matanza de otras 40 personas en Irak también a manos del EI. Nos quedamos sin tinta para airear los atentados cuando se producen en Europa pero, ¡qué desapercibidos quedan los que se producen diariamente fuera!

Me acordé de este último, y de tantos otros que nunca abren ningún noticiario, cuando el mismo día en el telediario apareció la imagen, terrible, de un subsahari­ano metido todo su cuerpo en una pequeña maleta, el cual fue interceptado (aunque más bien habría que precisar que la interceptada fue la maleta) por la Guardia Civil en la frontera casi de casualidad, la cabeza asomando entre un amasijo piernas, entregado a su suerte, con evidentes sí­ntomas de ahogamiento. La viva imagen de la indignidad se colaba por nuestra casa el primer día del año, recordándonos que todavía hay miles de hombres sin derechos tratados como mercancía ¿Qué se puede decir de un mundo que deja que dí­a tras dí­a sucedan estas cosas? ¿Hay motivos verdaderos para pensar que otro mundo es posible?

Posiblemente el paso de los días suavizaran estas primeras impresiones del año recién estrenado, y la vuelta a los afanes de cada uno nos devolverán a nuestro pequeño mundo cotidiano y burgués, pero no me negarán que cada vez cuesta más trabajo felicitar con optimismo el año nuevo.

Columna Paisaje Urbano publicad en Diario de Sevilla el 4 de enero de 2017.

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