EL TRAJECITO

ramosCuando vi en la televisión la llegada de Sergio Ramos a la concentración de la selección nacional, embutido en un indescriptible traje de chaqueta blanco, con camisa y corbata negras y amplias gafas de sol del mismo color, comprendí que irremisiblemente nuestro joven jugador se marchaba al Madrid.

¿Adónde se puede ir en pleno agosto, a las doce de la mañana y con cuarenta grados, vestido de tal guisa? Pues adónde va a ser, a fichar por el Real Madrid. No bastaba con hablar a su debido tiempo a los medios de comunicación, y hacer patente sus tremendas ganas de ingresar en la galaxia. Tampoco poner en entredicho la palabra del presidente del club al que pertenecía.

Para ir a Madrid y a la Castellana (al Manzanares es otra cosa) hace falta algún gesto más, y tengo para mí que su hermano René (por lo visto en sus apariciones televisivas, también buen aficionado a la moda más última) dispuso todo lo necesario para que la aparición del niño en la concentración fuera lo más “glamourosa” posible, y bien que lo consiguió.

Moda y fútbol, unidos en el Bernabéu. Desde luego, el niño apunta detalles de aspirante a galáctico, pero me temo habrá de aflojarse el bolsillo bastante (aunque con el sueldo que dicen que cobrará ello no debe suponer ningún problema) para igualar el look que suelen presentar algunos de sus nuevos compañeros, como Helgera, Beckham o el sin par Guti, por ejemplo.

Con todo, creo que debemos darle la enhorabuena al chaval.  A nadie la amarga un dulce e imagino que no será lo mismo Las Rozas que Camas, Ibiza que Matalascañas, ni por supuesto se ligará lo mismo junto a Antoñito en “Caramelo” que acompañando a Ronaldo en el reservado de Gabana.

A pesar de todo, y por si su declarado sevillismo le permite una vuelta a sus raíces (en esto del fútbol nunca se sabe), le tendremos preparada una cruzcampo fresquita en cualquier bar del viejo Nervión, que en esto a los galácticos les ganamos por goleada…

Alguien dijo que en el fútbol el romanticismo hace tiempo que no existe. Yo creo sin embargo que hay mucho de él todavía, pero sólo en las tribunas de algunos campos. En las del Sánchez-Pizjuán, por ejemplo, donde a pesar de los pesares  muchos nos veremos, con fidelidad de nazareno de último tramo, el domingo que viene.

Artículo publicado en Muchodeporte en septiembre de 2005.

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